Por: Sacha Schroeder – Coach Profesional
¿Tiempo para mí? Eso no lo vivo hace mucho, entre las tareas del hogar, los niños y el trabajo. A penas dura una canción de mi tiempo en la ducha o en el baño. Mi vida se ha llenado de tareas escolares, de actividades extracurriculares y reuniones semanales. Mi familia me dice que ando como veinte en un patín.
Hace unos días, luego de dejar los niños en la escuela, me encontraba caminando y una señora mayor me pregunta muy interesada: “¿A dónde vas con tanta prisa?” “A trabajar”, le contesté. Ella me dijo con voz muy madura: “Me imagino que tienes hijos que te importan, que los amas y no tienes tiempo ni para respirar el aire que te regala la tierra tranquilamente”. Mirándola a los ojos, asentí y le aseguré que mis hijos son mi vida.
Tengo que aceptar que aunque continué con mucha prisa, me inquietaron sus preguntas. Incluso, retrasé esa reunión ejecutiva, pero necesitaba seguirla y preguntarle por qué se acercó, por qué me habló de manera tan extraña, tan profunda.
Me dijo: “Viví una vida ajorada en mis años. Fui una mujer dedicada a mi familia y no me arrepiento de lo vivido, ni del amor que les regalé a los míos. Hoy son profesionales, padres, madres y jóvenes que llenan mi vida de alegría. Créeme, sé reconocer cuando una madre es esforzada y da el todo por su familia.
Yo no cambiaría mi familia por nada en este mundo. Ellos son mi razón de ser, por ellos tengo estas arrugas, por ellos estas manos han trabajado y por ellos soy abuela de una pequeña princesa. Los años me han tocado, y los cuidados y mimos que no me di, hoy los tengo que vivir. Reconozco a toda madre que se esfuerza por su familia y les exhorto a que se cuiden y que recompensen su misión de vida.
A veces siento que pude haber aprovechado esos faciales que me obsequió mi esposo en varias ocasiones, hacer mis chequeos de rutina y asegurar que todo estaba en orden, al igual que esos masajes que mi hija me ofreció. Ahora que lo pienso, pude haber disfrutado de un helado de pistachio con muchas calorías sin ningún reparo o caminar sobre la arena allá en el mar, dicen que es muy bueno.
¿Sabes? La vida es fugaz. Ese tiempo en la arena, siento que me hubiese ayudado a ventilar momentos de desespero. Pude haber meditado sobre aquella situación que no sabía cómo resolver. Pude haber centrado mi ser para poder equilibrar mi hogar.
Es por eso amiga, seas quien seas, si tu rol es ser madre, recompensa tu esfuerzo. No pienses que es egoísta. Eres la protagonista de una hermosa escena de amor, eres la guionista de una historia de aventuras. Eres la causante de grandes logros en tu familia”.
Me quedé sin palabras. Pues precisamente la noche antes sentí un fuerte dolor, pero no le di importancia porque era la gran final de la competencia de judo de mi hijo mayor.
Ciertamente, sus palabras me dejaron sin habla y mi vida pasó ante mí como un cortometraje y pensé inmediatamente: cada ser es un universo, es importante que lo cuide, que cuide este cuerpo que Dios me dio donde tengo depositado mi tesoro. Es importante que medite en el amor, es necesario que tenga fuerzas para poder seguir ejerciendo esta hermosa labor.
Sin dudarlo, le pregunté: “Señora, ¿qué cosas puedo hacer para recompensar mi esfuerzo?”
Ella, sonriente, contestó: “Hace unos años decidí hablar a madres jóvenes como tú, hablarles para que vivan, sientan y recompensen su esfuerzo por llevar a cabo el rol más hermoso que les ha tocado”.
Y tuvimos una larga, pero muy amena conversación sobre este tema. Olvidé mi reunión y por un momento sentí que comenzaba a dedicarme tiempo para mí misma. ¿Qué aprendí de esta experiencia? Si quieres hacer sentir bien a otros, debes comenzar haciéndote sentir bien a ti misma. Con tan solo pequeños cambios, puedes comenzar a recompensarte.
Para regalarte ese espacio que tanto mereces, tan solo sigue estos 8 pasos:
- Toma tiempo para meditar.
La meditación tiene sus ventajas, ayuda a calmar el alma y a conectar con Gaia, nuestra madre Tierra. Incrementa tu felicidad, tu vida social, y te enfoca. El tiempo no es problema, solo tienes que ajustar tus actividades diarias, al final todos tenemos 24 horas. Cuando compartas con tu familia, deja el celular guardado o simplemente antes de dormir, relaja tu cuerpo, cierra tus ojos, respira profundo y solo agradece.
- Establece una rutina de ejercicios.
Una breve caminata en la mañana aumentará tu nivel de energía para manejar un gran día. ¿No puedes salir? Camina alrededor de tu sala, en silencio, con respiraciones profundas, esto antes de levantar a los niños para la escuela.
- Come tu postre favorito.
Solo siente y disfruta la delicia de este momento. Recargará tus fuerzas ante cualquier situación.
- Hacer contacto con la naturaleza.
Hoy día hay muchos grupos enfocados a hacer yoga, Reiki, caminatas por campos verdes y llevan una sana alimentación.
- Hazte un buen corte de cabello.
Aunque parezca sencillo, un cambio de imagen elevará tu espíritu y te hará sentir bella.
- Ve de tiendas.
El solo caminar en los centros comerciales es un antidepresivo natural. Solo controla tus gastos y ojo con tu bolsillo.
- Toma algún curso
Para muchas mujeres, el crecimiento profesional es muy importante. Esto va desde lo académico, o simplemente aprender cómo hacer una receta básica de bizcocho que luego puedas compartir con tus hijos.
- Haz lecturas cotidianas.
La lectura enriquece el ser y el intelecto, te hace sabia. Es el momento de hablarte a ti misma sin que nadie imponga un pensamiento sobre el tuyo. Tú misma juzgas de acuerdo a tu interpretación, por lo tanto, la lectura te hace crecer.
Recuerda que la recompensa es un estímulo que se espera como resultado a una acción realizada en nuestro diario vivir, una acción que requiera esfuerzo, dedicación y pasión en la ejecución de la misma.
La recompensa puede recibirse tanto de forma material como espiritual. Todo está en qué desea hallar cada ser. Algunos pueden buscar viajes, comprar alguna pieza de ropa, para otros una taza de buen café es una opción a escoger.
Lo importante es que premies tu esfuerzo y dedicación, por vivir con pasión una de las carreras más importantes de este mundo: ser madre.
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