Por: Lcda. Solimar Reyes, Psicóloga
Sabemos que los seres humanos llevamos un patrón de vida muy activo y que cada día pueden surgir más cargas o retos para hacer que nuestra vida se vea como una de mucho estrés. Es gracioso escuchar esta palabra con frecuencia en los adultos, y hasta en los niños: el famoso estrés. Y es normal escuchar frases habituales como: “Tengo mucho estrés”, “Esto me da estrés”, “Todo se debe al estrés que llevo”, y otras que pudiésemos mencionar. Todas son muy ciertas, y debemos entender que existen sucesos en los cuales recibimos sobrecargas y sensaciones, y pudiésemos asumir que son sucesos de estrés.
Para comenzar, debemos definir: ¿qué es el estrés? Entre tanta información que se puede encontrar sobre este tema, partiremos desde el marco conceptual psicológico de la definición de la palabra misma. El estrés es la respuesta fisiológica y psicológica que se experimenta, cuando confrontamos o percibimos situaciones amenazantes.
Todo sujeto o individuo, puede sentirse amenazado ante algo y esto conlleva unos cambios, que pueden ser fisiológicos y psicológicos. Entre los estados psicológicos que podemos encontrar, se pueden observar cambios de conducta, estados emocionales alterados y confusión en nuestra manera de pensar y percibir las cosas. También podemos señalar que hay cambios de conducta que conllevan e involucran a terceras personas debido a la percepción que sentimos de la situación amenazante.
Para comprender mejor el concepto, piense por un momento en cómo es su día. Comience por cómo es su mañana, su día laboral, su tarde familiar y así, hasta completar su semana, el mes y hasta el año. Reconocemos que los días son un tanto ajorados y que cumplimos con muchas obligaciones que nos sobrecargan, y al final, queremos ver los logros y la satisfacción que obtenemos de nuestras tareas. El lograrlo, trae consigo preocupaciones, frustraciones, momentos de poco descanso, de situaciones imprevistas, de momentos duros, fuertes, de cambios con roles cotidianos, entre tantas otras cosas. Todas estas emociones que vivimos, las cargamos, las transportamos y las transferimos a personas y lugares en los que nos desenvolvemos.
Con todo lo que sucede a nuestro alrededor, es difícil mantener un buen manejo del estrés en nuestras vidas, pero debemos considerar que los niños observan y aprenden ese buen o mal manejo de los adultos. Por lo tanto, debemos establecer las responsabilidades en todo esto.
La de los padres, es actuar siempre de forma coherente ante la situación; entender todos los estresores que confrontamos y cuáles son de nuestro control, como también cuáles no podemos controlar. Además, debemos entender el panorama, en el cual somos agentes activos y conocer nuestro rol.
No podemos olvidar que los niños piensan de forma simple. ¿Por qué complicarlos? La complejidad es parte de la madurez y las experiencias de vida. Debemos reconocer siempre quiénes componen o de qué compone esa complejidad. Y si somos trasmisores de fuentes de estrés, debemos reconocerlo y lidiar con el asunto y con quienes son parte.
Por otra parte, la responsabilidad académica de nuestros niños, no es de una sola persona. Tenemos un deber social y moral, de que nuestros hijos se eduquen en un sistema académico que cumpla con las demandas ya previamente establecidas por nuestra sociedad. Con esto, hay responsabilidades externas, que influyen en nuestras acciones. Decidimos ser jefes y padres de familia y llegaron unas responsabilidades que debemos asumir, para que de esta forma, se cumpla con el deber y el estándar social. La educación, es una de estas responsabilidades y comienza en el hogar.
La formación social-familiar, es indispensable para lograr que nuestros niños tengan o estén conscientes de las responsabilidades que van a ir asumiendo desde pequeños hasta la adultez. Al educarlos y concientizarlos sobre sus responsabilidades desde pequeños, estamos reduciendo las posibilidades de que reaccionen de forma incorrecta ante una situación de estrés o amenazante.
La escuela, entre otros factores, puede representar una situación de estrés en los niños. El fin de semestre escolar y el proceso académico de la toma de exámenes finales pueden ser muy estresantes para ellos, ya que es un evento de mucha carga o preocupación, en el que se concluyen, sin lugar a dudas, todos estos factores externos o internos a los que han estado expuestos. Partiendo de que el estrés produce unos cambios fisiológicos y psicológicos, podemos identificar este momento como uno estresante y amenazante.
Para los adultos, es más fácil poder decir que con planificación todo se puede, pero un niño no tiene la capacidad para manejarlo de la misma manera. Además, no todas las familias, ni todas las situaciones son iguales. Es por eso que siempre debemos considerar las situaciones expuestas para poder entender el panorama.
Ahora bien, ¿qué pueden hacer los padres para manejar estos cambios sin que se afecte el rendimiento académico de sus hijos? Ir trabajando el ambiente con tiempo, nos da el espacio para poder enseñarles y crear conciencia en nuestros niños de que no todas las tareas son fáciles, pero podemos manejar siempre las cosas de la mejor manera y obtener los mejores resultados.
En mi experiencia, he visto varias familias con esta situación y a modo general, puedo decir que en nuestra cultura y sociedad, la mayoría de las familias han sentido o han sido parte de situaciones estresantes como producto del proceso de los exámenes finales de los niños en la escuela. Algunos, han sabido canalizar estas situaciones de forma positiva, en cambio otras, no han tenido éxito en su intento. Es por eso, que en este artículo, compartiremos con ustedes algunas estrategias que les han funcionado a muchos padres.
Nunca olvidemos:
- Mantener un ambiente despejado y seguro para proveer el espacio a nuestros niños para que se desahoguen y puedan canalizar esas tensiones, a través de la retroalimentación y nuestra ayuda.
- Satisfacer siempre sus necesidades biológicas requeridas en su desarrollo.
- Optimizar sus fortalezas, destrezas académicas y sociales. La ayuda siempre es necesaria, identifique los recursos que le pueden ayudar en el proceso.
- Identificar las respuestas producidas por los estresores y educar sobre posibles consecuencias positivas y negativas.
- Mantener una comunicación directa y efectiva entre el niño y los componentes que son parte de este proceso.
- Siempre trabajar cualquier ganancia o pérdida, de la misma manera. Mantener un equilibrio entre las dos vertientes.
Recuerde que las situaciones no disminuyen con el paso de la vida. Pero podemos siempre aumentar nuestras técnicas para manejar cada situación en cada momento, lo mejor posible.
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